viernes, 1 de junio de 2007

"O samba, a prontidão e outras bossas, são nossas coisas, são coisas nossas"

Un ritmo nuevo nació en Brasil a finales de los cincuenta. Nacia "el nuevo ritmo" por definición, la "nueva voz". Un movimiento nuevo, en todo caso, el nuevo compás que marcaría la pauta de un Brasil que a mitad de siglo llegaba a la estación del siglo XX. Ipanema y Copacabana dieron con una receta tan aparentemente sencilla que solo podía ser buena. Su ritmo, su samba, perdió la estridencia de los tambores y el fervor de los sones callejeros cariocas para adoptar como suyos los compases procedentes de norteamérica y París, una nueva rama de la síncopa que se basó en los esquemas de la música brasileira. Se llevó la esencia brasileira a auditorios más cerrados y más pequeños. La música destinada al derroche de energía de multitudes era ahora la de los más selectos espacios de tranquilidad.

Nacieron nuevas armonías, con las irregularidades y arritmias -entendidas como desviaciones y alteraciones, nunca como carencia- más propias del jazz, y el abanico instrumental que la música norteamericana había hecho rendir al máximo. El saxo, el piano, la guitarra -clásica, y posteriormente eléctrica, pero sobre todo la clásica con cuerdas de nylon y prescindiendo de púas- y, por supuesto, la voz, la canción, que mantenía el espíritu y las letras de la samba pero con otros timbres.

Y llegaron los que desde entonces serían los clásicos de la música jazz brasileña, el primer ejemplo de jazz fusión en forma neta. Aparecieron los Laurindo Almeida, Antonio Carlos Jobim, João Gilberto o Astrud Gilberto. Y por supuesto, sin olvidar a los ya consagrados Stan Getz o Charlie Byrd, que hicieron y se hicieron más grandes, en perfecta simbiosis con esta música.

Nacía, recién estrenada la segunda parte del siglo, el nuevo ritmo, la nueva voz.

La bossa nova.


Se você disser que eu desafino, amor,
saiba que isso em mim provoca imensa dor,

só privilegiados têm ouvido igual ao seu,
eu possuo apenas o que Deus me deu.
Se você insiste em classificar
meu comportamento de anti-musical,
eu mesmo mentindo devo argumentar
que isto é bossa-nova, isto é muito natural.
O que você não sabe nem sequer pressente
é que os desafinados também têm um coração.

Fotografei você na minha Roleiflex,
revelou-se a sua enorme ingratidão.
Só não poderá falar assim do meu amor,
este é o maior que você pode encontrar.
Você com sua música esqueceu o principal:
que no peito dos desafinados,
no fundo do peito bate calado,
que no peito dos desafinados
também bate um coração.

(Newton Ferreira de Mendonça)

P.D.: Buena, muy buena descripción y reflexión del espíritu jazzy.

domingo, 29 de abril de 2007

Jazz de entreguerras

En los años de entreguerra, cuando se logró superar la crisis económica de los treinta, las posibilidades económicas pudieron impulsar la creación de grandes orquestas, que sirvieron de vivero para el género que, coincidiendo con la entrada de un trompetista llamado Louis Armstrong en la banda de Fletcher Henderson, había nacido en 1924.

Formaba parte de la banda de Henderson un arreglista, de nombre Don Redman, que supo amoldar las partituras concebidas para la big band al estilo del joven trompetista. Él es, pues, en gran medida, culpable del nacimiento del género swing, ese balanceo rítmico de un tiempo a otro del compás que resulta característico de multitud de piezas jazz incluso no enmarcadas en el estilo swing.

Posteriormente llegaría el clarinetista Benny Goodman, que con su big band celebró el 16 de enero de 1938 el primer concierto en el que se convertiría en uno de los más grandes templos del jazz americano en directo. Su Live at Carnegie Hall lo alzaría al trono de la tendencia, y se le conocería como El Rey del Swing.

Ella Fitzgerald cantó para la big band del Duke Ellington una pieza que explica cómo se entendía el espíritu de la música de los treinta y los cuarenta.


It don't mean a thing if it ain't got that swing,
It don't mean a thing, all you've got to do is sing,
It makes no difference if it's sweet or hot,
Just keep that rhythm, give it everything you've got!

It don't mean a thing if it ain't got that swing!

(Duke Ellington / Irving Mills)

viernes, 20 de abril de 2007

Génesis

En el principio dicen que fue el Verbo, y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. Y la música africana parecía recoger por sí sola el algodón entre el sudor que brotaba de las pieles negras como sólo lo sabe sacar el sol del sur de los Estados Unidos.

El origen se difumina en la posguerra civil americana, incluso antes ya los viejos instrumentos de cámara europeos empezaron a servir a los vírgenes, inexplorados sones africanos, creando nuevos sonidos, nuevas emociones y un concepto nuevo de la música que nace en las raíces más profundas de los ritmos indígenas: el swing.

Y la música se empapó de dolor, de ese sentimiento tan conocido por la raza afroamericana, y sirvió este nuevo sonido de catarsis, de doble sentido aliviador de penas que se hizo tan característico de la Gomorra de la Edad Moderna, Nueva Orleáns. El nuevo sonido salía de las calles, de las paradas de la carretera, de los barrotes de la prisión, de las vías muertas de los trenes, de los campos de trabajo.

Nació el blues entonces, la nota blue, ese sonido característico que convertía a las obras de arte del pueblo en algo más: lo que antes era perfección canallesca y aséptica ahora era el trazo que desgarraba el alma y que sería la columna vertebral del jazz. Y el blues nació de su padre y de su madre. Poco después lo hacía la que sería bautizada como su madre, en 1886, empapándose de la nueva música. Gertrude "Ma" Rainey.

El gatillo que daría el pistoletazo de salida del nuevo siglo no se había pulsado, y ella ya vivía en un escenario. Debido a la discriminación de raza, al TOBA (Theater Owners Booking Asociation, más conocido por los perjudicados negros como Tough On Black Asses) y demás milongas de la prepotencia blanca no pudo entrar en un estudio de grabaciónación, hasta fechas en las que su voz ya estaba desgastada por esas concesiones que nos hacemos cuando el día comienza cuando se pone el sol.

La madre del blues nos dejó entre sus piezas más logradas un Jelly Bean Blues que Cortázar -en esa gran novela llamada Rayuela que es metalibro, tratado de filosofía, catálogo de biblioteca, discografía de jazz...- menciona, alaba y disfruta.


If you ever wake up with your good man on your mind
If you ever wake up with your good man on your mind
My daddy left me this morning, that's why I moan and cry

He'll make you laugh, he'll make you cry, he'll drive those blues away
You'll sit right down and weep and moan and then you'll find he's went
Lord, I been wonderin' where my jelly bean has gone

I can see you rider, yea, helle loo, a thousand miles away
I just can't remember what my baby had to say
He said: see see rider, today I'm goin' away, and I won't be back until you change your way

So back and easy rider, today that mean' goodbye
You did not worry me, you had no right to lie.

(Arant / Rainey)

miércoles, 18 de abril de 2007

But beautiful

Love is funny, or it's sad,
Or it's quit, or it's mad,
It's a good thing, or it's bad...

But beautiful.

Beautiful to take a chance and if you fall, you fall
And I'm thinking I wouldnt mind at all.
Love is tearful, or it's gay,
It's a problem, or it's a play,
It's heartache either way...

But beautiful...

And I'm thinking if you were mine,
I'd never let you go
And that would be

But beautiful
I know,
Love is beautifull
I know.

(Johnny Burke / James van Heusen)

En la década de los cuarenta, el auge del swing y la guerra en Europa y en el Pacífico eran las notas color azul ultramarino y gris que decoraban el panorama público y privado americano. Dos años después del término de la II Guerra Mundial, un californiano y un neoyorkino arrimaban los extremos -en un futuro cercanísimo musicalmente opuestos: ya se estaba gestando el divorcio- del mapamundi americano. Estacionaron las partituras de los Bing Crosby y los Sinatra, y escribieron la de la canción que sin pretenderlo mejor supo retratarse a sí misma. La canción que mejor retrató a su género.

Posteriormente, inspiraría su estrofa a autores, a más artistas, del pentagrama y del lápiz y papel para dibujar o escribir. Geoff Dyer escribiría un trabajo gratificante, que es a la vez biografía, novela y discografía sobre jazz, y que en castellano podemos encontrar torpemente traducido bajo el título "Pero hermoso: un libro de jazz".

Con esta entrada abro este blog, dedicado a la música pero no sólo a la música, a los libros y a la literatura, a las revistas y a la televisión, a la pintura y a todo lo que se me ocurra. Pero sobre todo, ante todo y entre todo, al jazz.

"El jazz es divertido, o es triste, es reservado, o es furioso. Es una buena cosa, o es malo. Pero hermoso."