Un ritmo nuevo nació en Brasil a finales de los cincuenta. Nacia "el nuevo ritmo" por definición, la "nueva voz". Un movimiento nuevo, en todo caso, el nuevo compás que marcaría la pauta de un Brasil que a mitad de siglo llegaba a la estación del siglo XX. Ipanema y Copacabana dieron con una receta tan aparentemente sencilla que solo podía ser buena. Su ritmo, su samba, perdió la estridencia de los tambores y el fervor de los sones callejeros cariocas para adoptar como suyos los compases procedentes de norteamérica y París, una nueva rama de la síncopa que se basó en los esquemas de la música brasileira. Se llevó la esencia brasileira a auditorios más cerrados y más pequeños. La música destinada al derroche de energía de multitudes era ahora la de los más selectos espacios de tranquilidad.Nacieron nuevas armonías, con las irregularidades y arritmias -entendidas como desviaciones y alteraciones, nunca como carencia- más propias del jazz, y el abanico instrumental que la música norteamericana había hecho rendir al máximo. El saxo, el piano, la guitarra -clásica, y posteriormente eléctrica, pero sobre todo la clásica con cuerdas de nylon y prescindiendo de púas- y, por supuesto, la voz, la canción, que mantenía el espíritu y las letras de la samba pero con otros timbres.
Y llegaron los que desde entonces serían los clásicos de la música jazz brasileña, el primer ejemplo de jazz fusión en forma neta. Aparecieron los Laurindo Almeida, Antonio Carlos Jobim, João Gilberto o Astrud Gilberto. Y por supuesto, sin olvidar a los ya consagrados Stan Getz o Charlie Byrd, que hicieron y se hicieron más grandes, en perfecta simbiosis con esta música.
Nacía, recién estrenada la segunda parte del siglo, el nuevo ritmo, la nueva voz.
La bossa nova.
Se você disser que eu desafino, amor,
saiba que isso em mim provoca imensa dor,
só privilegiados têm ouvido igual ao seu,
eu possuo apenas o que Deus me deu.
Se você insiste em classificar
meu comportamento de anti-musical,
eu mesmo mentindo devo argumentar
que isto é bossa-nova, isto é muito natural.
O que você não sabe nem sequer pressente
é que os desafinados também têm um coração.
Fotografei você na minha Roleiflex,
revelou-se a sua enorme ingratidão.
Só não poderá falar assim do meu amor,
este é o maior que você pode encontrar.
Você com sua música esqueceu o principal:
que no peito dos desafinados,
no fundo do peito bate calado,
que no peito dos desafinados
também bate um coração.
(Newton Ferreira de Mendonça)
P.D.: Buena, muy buena descripción y reflexión del espíritu jazzy.